Cobra importancia el gerente de transparencia o CCO

Todos sabían que pasaban cosas turbias, pero era una situación que parecía no tener salida ni resolución posible. Había una cierta resignación a que las cosas fueran así, y punto. Sin embargo, un día hubo un cambio, una denuncia, o varias, y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, en coordinación con el FBI y la justicia suiza, arrestaron a funcionarios de la FIFA y otras personas con relaciones comerciales con la entidad.

La corrupción no es una excepción. Recientemente, la compañía pope de investigación anticorrupción Kroll sacó a la luz un desfalco en el pequeño país europeo Moldavia, de sólo 4 millones de habitantes. Desaparecieron mil millones de dólares de tres de sus bancos a través de préstamos ficticios. En la mira, un empresario de 28 años que junto a sus socios se hicieron de tres entidades financieras que luego les autoprestaron el dinero, que sigue desaparecido y hace temblar las finanzas del país.

El último informe de Kroll, de este año, da cuenta a través de una encuesta llamada ABC Report (Anti-Bribery and Corruption Benchmarking Report, o Reporte Anti Soborno y Corrupción). «Hay más riesgos de sobornos y corrupción que nunca antes», dice el reporte. De la encuesta a 250 oficiales de Compliance (o transparencia) de empresas alrededor del mundo que juntas tienen más de 22.000 empleados, más de la mitad aseguró que hay más riesgo principalmente porque sus compañías se están expandiendo a nuevos mercados o tercerizando sectores. Los Chief Compliance Officers (CCO) tienen, según Kroll, una dura tarea por delante.

La última Encuesta Global de Delitos Económicos de PwC, de 2014, da cuenta de que la Argentina está entre los 10 países que reportaron más cantidad de casos de delitos económicos en los últimos dos años. Aquí, el 51% de los ejecutivos encuestados dijo que su organización había experimentado algún tipo de delito económico en los últimos dos años, lo que representa un crecimiento del 11% con respecto a 2011. Las empresas con más de 500 empleados reportaron una mayor cantidad de fraudes (85%) que las de menos de 500 (15%). El 48% de las que sufrieron un fraude fueron víctimas de más de un hecho.

GUARDIANES DE LA ÉTICA

Las pérdidas oscilan entre los 500.000 y el millón de dólares. El soborno y la corrupción son los delitos que generan más riesgo para los negocios en este país. En este contexto, los CCO son los encargados de cuidar la transparencia en los negocios.

Con el lema Lo correcto debe primar sobre lo conveniente, desde la Asociación Argentina de Ética y Compliance (AAEC), Carlos Rozen, su presidente, dice que en los Estados Unidos y en Europa la figura del CCO es más habitual, pero en la Argentina hay sectores obligados a tenerla, entre ellos bancos, casas de juego, clubes de primera A y B, y gente que trabaja con la aduana, entre otros. Es un trabajo para el cual se necesitan abogados, contadores y gente de administración de empresas, y que irá en aumento. La AAEC junto con Ucema brindan una certificación de ética y compliance internacional para el CCO.

«Los problemas de fraude laboral aumentan en entornos de crisis», dice Rozen. «Las crisis provocan más necesidades. En este contexto hay personas que ven una oportunidad que implica fraude y luego se autojustifican. Un 5% de las personas son honestas, un 5% corruptas y hay un 90% que pueden cambiar para un lado o para el otro», asegura Rozen. «Hay que trabajar para que ese 90% haga lo correcto.»

«El delito más común en la Argentina es el robo de activos», explica Diego Bleger, socio de KPMG a cargo del área de risk consulting. Esto es: llevarse bienes de la compañía como dinero, mercadería o usar activos de la compañía en beneficio propio. El segundo, la corrupción, la asociación ilícita entre un empleado y un proveedor, por ejemplo.

La Argentina, según Rozen, tiene leyes muy complicadas con un muy bajo control de implementación. Los países más desarrollados tienen leyes muy simples con un altísimo nivel de implementación y esa es la clave de la transparencia.

Una manera de disminuir el riesgo de fraude, que se lleva entre el 12 y el 5% de la facturación de la empresa, es a través de líneas de denuncia anónimas. Pablo Paladini, director de operaciones del canal de denuncias Resguarda, dice que ponen a disposición de los empleados vías para reportar fraudes de manera anónima. «El 70% de los fraudes se detecta a través de estos recursos», dice. Más tarde, un auditor investiga las denuncias.

El defraudador, según Bleger, es una persona que está en la compañía por lo menos desde hace 5 años, ve que los controles son laxos y sabe cuáles son las debilidades de la compañía. Pero si se descubre su accionar, y hay pruebas, se desvincula a la persona con causa y además la empresa puede hacerle un juicio penal. Los empleados, en su mayoría, no ven con buenos ojos los fraudes, y por eso quieren hacer algo para subsanar la situación.

El socio de KPMG sostiene que lo que marca la ética de una compañía es el ejemplo de arriba hacia abajo. «En una empresa en donde se respira un ambiente ético los empleados rinden 7 veces más. De lo contrario no defenderán a la empresa ni se pondrán la camiseta.».

 

FUENTE: LA NACION.com