Reflexiones sobre corrupción y transparencia en tiempos de cambio

Llegó el momento: la sociedad no tolera más el incumplimiento

Corrupción es una palabra tan frecuentemente usada, tanto para hablar como para obrar, un comportamiento tan profundamente arraigado en nuestro país, que, no nos toma por sorpresa. Estamos lamentablemente tan acostumbrados algunos, como resignados otros. Permítanme incluirme entre los que sostienen que esto es una locura y que ha llegado el momento de terminar con la misma.


No luchar contra la corrupción significa no hacer frente a quienes pretenden conseguir una ventaja ilegítima, un beneficio personal en forma mezquina dañando al resto de la sociedad. Implica permitir a quienes lo hacen como medio de vida tapar más fácilmente las evidencias.

Es importante antes de seguir reflexionando, plantear algunas aseveraciones, que no son obvias para el común de la sociedad: La corrupción no se limita a los funcionarios públicos, “los dos lados del mostrador” (el público y el privado) suelen estar presentes en la mayoría de casos. Tanto el funcionario público como el privado, pueden disparar activamente el acto (ofrecer, sugerir) como aceptar. La corrupción entre privados también existe, y el daño en estos casos no suele trascender a la sociedad como un todo. La legislación en nuestro país no es tan mala (aunque no por ello diremos que es la más adecuada), el problema es la “anomia de hecho” (falta de aplicación de la misma).

Una buena noticia: no hemos probado con todo, ni por cerca. Existen algunos elementos que deberían combinarse para golpear fuerte a la corrupción y comenzar a hacerla tambalear. Veremos que la cuestión no es tan compleja (al menos de entender), mediante un listado de “factores anti-corrupción” que no pretende ser taxativo, aunque sí una buena receta de cocina con fuerte sabor a transparencia (ingrediente que ataca al centro de la corrupción):

  • Fuerte compromiso y mensaje del gobierno hacia sus funcionarios y hacia la sociedad toda. Un sector público que no comprenda que la imposición de penas por sí solas (lo cual no es poco) no alcanzan, no será exitoso en esta cruzada. Se requiere de una fuerte cultura de cumplimiento y respeto por las cosas bien hechas. A la mayoría de los ciudadanos les encanta vivir en un clima de honestidad y respeto por la ley y las instituciones.
  • Un código de ética y conducta para los funcionarios públicos, comunicado, suscripto por cada uno de ellos, recordado periódicamente por los líderes de cada organización. El Código podría ser general para todos los funcionarios, con un apartado de particularidades según el tipo de organismo del cual se trate. Atado al el Código, se deben desplegar los párrafos más relevantes en políticas concretas.
  • Una línea de denuncias o “línea transparente” que permita alertar sobre incumplimientos de las pautas de ética, y un Comité de Ética independiente, ocupado de que se investigue.
  • Investigadores independientes que básicamente: a) transformen indicios en evidencias; b) máximo esfuerzo por el recupero de los activos perdidos
  • Legislación sólida, completa y armónica. Fácil de entender.
  • Elevadas penas ante incumplimientos de la ley por hechos de corrupción
  • Aplicación consistente de la legislación. Una Justicia entrenada para valorar la calidad e intención de los funcionarios para que no se produzcan incumplimientos, incluso cuando los mismos ocurran.
  • Fuerte comunicación y muestra a la sociedad (sanción pública), toda vez que existan condenas y los motivos que las justifican. Aquí cabe aseverar que la experiencia nos indica que si no hay condenas frecuentes, el enfoque no está correctamente aplicado. Hechos de corrupción existen y seguirán existiendo.
  • Un programa de cumplimiento o de “compliance” que contemple todas técnicas, metodologías y procesos para facilitar el cumplimiento y el control del mismo.
  • Una función muy difundida en el ambiente privado que los altos funcionarios deberían exigir para sus organismos: Un “Compliance Officer” (responsable de cumplimiento), a cargo de la implementación de lo mencionado en el punto anterior. Mucha bibliografía ya podemos encontrar al respecto y recomendamos ISO 19600 para comprender mejor la naturaleza y alcance de la función.

La lucha contra la corrupción tiene 3 momentos:
a. prevención / disuasión;
b. investigación / sanción / recupero de los activos;
c. mejora de los procesos y en la legislación relacionada para que no vuelva a ocurrir.

No quisiera que pasemos por alto algo fundamental: la sociedad necesita comprender qué implica verdaderamente la corrupción. Hablar de este tema representa para nuestra sociedad un tema de conversación diario; es prácticamente moneda corriente en cualquier inicio de reunión de trabajo, conversación e café, incluso entre amigos y hasta en la mesa familiar. En oportunidades pareciera que la corrupción se interpreta muy limitadamente, como si solo fuese una tomada de pelo que hacen unos pocos “malos” respecto de los otros “buenos”. Corrupción es bastante más grave que eso: se trata de actitudes y acciones que, mediante la transgresión y el incumplimiento de la ley, pueden facilitar otros tipos de actos criminales tales como el tráfico de drogas, de armas, el lavado de dinero y la trata de personas. La corrupción, dicho sea de paso, erosionará dramáticamente el nivel de confianza que ese inversor que necesita el país, y que no llegará. La corrupción hará que nuestro Producto Bruto Interno sea más bajo. Este desvío de recursos que en circunstancias planeadas hubiera llegado a los que lo necesitan en forma urgente e irremediable, termina en manos de estos criminales que confundiendo los fines con los medios le dan tanto valor a estos últimos que no se conmoverán en lo más mínimo por el daño provocado. En definitiva, corrupción = muerte … Esto no es una exageración. El propio Papa Francisco el pasado 13 de febrero advirtió a Peña Nieto (Presidente de México) que “cada vez que se buscan privilegios ilegítimos, triunfa la corrupción, el narcotráfico, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte. Cientos de expertos han escrito sobre la materia.

Las formas de corrupción varían y evolucionan notoriamente cual virus que aprende de la experiencia. El uso ilegítimo de información privilegiada, el tráfico de influencias, sobornos, extorsiones, influencias, malversación de activos, son formas en las cuales este mal se manifiesta sigilosa y poderosamente.

Si todo esto que proponemos arriba funciona, aunque sea comenzando de a poco y en forma creciente, la ecuación comenzará a invertirse; la IMPUNIDAD (materia prima esencial de la corrupción a gran escala) comenzará de a poco a menguar. Entonces, y como por arte de magia, sucederá eso que nuestro actual Ministro de Justicia dijo públicamente: “resulta necesario articular mecanismos para que el costo de la corrupción sea más alto que el beneficio que se llevan los corruptos”.

Quienes optan por el camino ilegal, el más rápido y aparentemente el más sencillo, el atajo, comenzarán a entender que eso de que “el crimen perfecto no existe” estará representado en un cuerpo de expertos con adecuada tecnología y conocimiento que lo perseguirán hasta recuperar el último peso sustraído a la sociedad.

Por último, resulta llamativo y hasta ridículo escuchar comentarios de políticos, intelectuales y periodistas referidos a cuestiones tales como “el gobierno debe analizar si le conviene o no ir contra el gobierno anterior”; “si se pone preso a algún político importante luego, en períodos posteriores se tomarán represalias”; “tal vez convenga poner a uno o dos presos, pero no más, solo como advertencia”… Señores, ¿qué es esto? Acaso algún ciudadano honesto de este país piensa que un gobierno, que un legislador, o que la justicia tienen alternativas o prerrogativas frente a su deber de cumplimiento de la ley?.


Carlos Fernando Rozen
Socio BDO Argentina
Presidente de la AAEC Asociación Argentina de Ética y Compliance
Director de la Certificación Internacional en Ética y Compliance (AAEC | UCEMA | IFCA)